Día de la Cerveza, y de sus beneficios

Celebramos el viernes día  3 de agosto el Día Internacional de la Cerveza (qué mejor día que un viernes para hacer este tipo de celebración, jeje), y lo hicimos con una buena noticia para todos los amantes de este antiquísimo caldo que tantos aficionados tiene: según un estudio realizado en Hong Kong, esta bebida tiene muchos más beneficios de los que se pensaba. De hecho, casi se puede decir que es un necesaria para la salud (no veas qué alegría se van a llevar algunos).

Según esta investigación, la cerveza contiene más proteínas y vitamina B que el vino, es rica en antioxidantes y puede reducir la aparición de enfermedades cardiovasculares; además, contiene pequeñas cantidades de minerales como calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, sodio, zinc, cobre, manganeso y selenio, fluoruro y silicio. Por si todo esto no fuera bastante, incluye una gama de polifenoles como los flavonoides y los ácidos fenólicos,  que son los que contribuyen directamente en crear varias características de la cerveza, como el sabor, la intensidad, el cuerpo y sensación de saciedad.

Los polifenoles, que son sustancias químicas que se encuentran naturalmente en las plantas, pueden reducir el riesgo de desarrollar arteriosclerosis, diabetes tipo 2 y enfermedades del corazón debido a sus efectos antiinflamatorios; y eso la cerveza normal, pues si hablamos de la negra o la light,  pueden tener incluso niveles más altos. Y uno de los ingredientes que intervienen en su producción, el  xanthohumol, se ha probado en numerosos estudios  para reducir la probabilidad de resistencia a la insulina en ratones que fueron alimentados con dietas altas en grasa, lo que es potencialmente una buena noticia para las personas con diabetes.

Como ves, la cerveza es una bebida muy completa, pero por supuesto, todos estos beneficios vienen acompañados de efectos secundarios si se abusa de su consumo; así que, antes de salir y beber a ciegas, recuerde que demasiado alcohol,  más allá de las terribles resacas, puede tener algunos efectos terribles como enfermedades hepáticas y presión arterial alta, y por su alto contenido en calorías, no habrá quién te libre de lucir una hermosa barriga cervecera, cosa también a tener en cuenta.

Lo de la tierra siempre es lo mejor

Hace unos días escuché en los informativos de la tele que nuevamente habíamos batido el récord de turistas en lo que llevábamos de 2018, que volvíamos a ser uno de los destinos preferidos de todos los viajantes, y que incluso el turismo nacional se había visto reactivado, como prueba de que la economía familiar iba recuperándose poco a poco (o eso era lo que decían al menos, habría que charlar un rato bien extenso sobre eso, ¿no crees?). Por mi parte, es cierto que últimamente he visto por estos lares mucho movimiento: este verano ha habido mucha demanda para alquilar las viviendas de esta urbanización, incluso sé de buena tinta que muchos de los interesados se han quedado con las ganas de pasar unos días aquí; y, es verdad, han sido mucho los extranjeros que este verano lo están pasando con nosotros.

Alrededor de la piscina en una noche calurosa, justo como las que estamos teniendo, mis colegas y yo nos volvemos un poco filósofos, pero el tema de anoche realmente creo que era importante y, además, muy curioso. Después de haber visto durante todo el día varias turistas paseando por toda la urbanización con micro bikinis o ligeritas de ropa en todo caso, todos estábamos de acuerdo en que nos encantaban las mujeres culonas, y no esas chicas delgadas de trasero escurrido que suelen venir de países nórdicos, y que si bien antes llamaban la atención por su altura, su cabello rubio y sus ojos azules, ya no eran tan apreciadas como antaño. Pero el quid de la cuestión vino en la segunda parte de la discusión, cuando en verdad ya llevábamos unos cuantos tintos de verano, aunque yo estoy seguro que eso nos daba lucidez en vez de quitárnosla.

Porque, ¿dónde se podían ver más traseros atractivos, entre las turistas extranjeras, o entre nuestras bellezas autóctonas? Fue ahí precisamente donde no nos pusimos de acuerdo, y eso que estuvimos horas hablando sobre el tema. Parecía que estábamos de acuerdo en que nos gustaban más las mujeres tipo latinas que las nórdicas, por lo menos así en general (hay auténticos pibonazos allá por el Norte, no lo vamos a negar), pero el dilema venía en saber si preferíamos a las chicas sudamericanas, famosas por sus tremendos culazos, o si pensábamos que las españolas no tenía nada que envidiarles. En realidad, llegado un momento, me preguntaba qué diferencia podía haber entre unas y otras, pero uno de mis amigos me explicó que la mezcla de razas en Sudamérica sí que marcaba la diferencia; lo dijo con tanta seguridad que no tuve ningún argumento para rebatirlo, y todavía sigo pensando en ello. En cualquier caso, lo que más me llamó la atención es que, entre los que defendían a las culonas de origen nacional, se les veía que era más por un sentido patriótico que por alguna razón lógica, y me incluyo, la verdad.

En realidad, puedo hablar de esto con cierta autoridad, porque realmente sí que he visto bastantes extranjeras en todos mis años de vida, y ciertamente nunca me han llamado la atención demasiado. De hecho, sí que he tenido varios líos con varias de ellas, y por supuesto lo he disfrutado mucho; pero estoy seguro de que, si llego a acabar teniendo una relación seria y duradera, será con una latina española. ¿Por espíritu patriótico? Pues no lo sé, me gusta defender la belleza de la tierra por lo general, y no tengo ningún motivo lógico para hacer esta afirmación; pero lo siento en los huesos, y ya sea por su inteligencia, su cultura, su forma de ser o, por qué no, por lo buena que esté, acabaré seguro con una culona de aquí.

Santorini: burros, turistas y un problema de obesidad

No sé si sabéis que la isla de Santorini, en el mar Egeo, es un pintoresco lugar que visitan miles de personas cada mes, y cuyo principal atractivo son los paseos en burro, ya que su escarpado paisaje no permite fácilmente el uso de otros vehículos. Y sin embargo, hace poco me encontré con esta noticia: “Los burros en la isla griega de Santorini están siendo gravemente heridos al ser obligados a llevar turistas con sobrepeso, según organizaciones benéficas de animales“. ¿Os preguntáis cómo puede ser? Os pongo en antecedentes.

Sobre todo en la agitada temporada de vacaciones veraniegas, entre mayo y octubre, hasta cinco cruceros al día pueden llevar a 1.200 turistas a la pintoresca isla. Conocida por sus colinas y senderos empinados, los burros se han convertido en un rasgo típico de Santorini,  al ayudar a transportar personas a áreas a las que los vehículos no pueden llegar. Sin embargo, con el número de turistas obesos en aumento, los activistas por los derechos de los animales denuncian que los animales se ven obligados a llevar cargas más pesadas que nunca, además de que ya trabajan los siete días de la semana sin refugio, descanso o agua; esto los deja con lesiones en la columna vertebral y heridas por las monturas mal ajustadas. Además, estas organizaciones dicen que los lugareños han tenido que cruzar sus burros con mulas, que son más grandes y más fuertes, para que puedan transportar cargas más pesadas, y así hacer frente a la demanda que se está creando.

A pesar de que existe un código de práctica internacional para los equinos en actividad firmado por los funcionarios de la isla, junto con el santuario de burros del Reino Unido, muchos propietarios no siguen las directrices, ya que rara vez se aplican. Con la temporada de vacaciones tan extensa, se puede afirmar que estos animales trabajan casi todo el año, y en época de menos turismo, son usados como transporte de carga, ayudando en comercios, obras y demás. Aunque se recomienda que los burros no carguen más del 20% de su cuerpo, pocos se preocupan realmente de cumplir esa norma, y es que sería muy difícil andar controlando que todos los propietarios de asnos lo hicieran; es por eso que el problema se vuelve peor cada día.

Quizá se podría hacer algo así como el derecho de admisión: si tienes más de cierto peso, tienes prohibido montarte en burro para visitar Santorini; de hecho, camina un poco, y seguro que tu salud te lo agradecerá, jeje.

Vida más allá de esta urbanización…

Haciendo un balance de lo que significa haber pasado buena parte de mi vida viviendo en esta urbanización, tengo que reconocer que han sido más ventajas que inconvenientes, aunque yo mismo haya pasado por épocas en las que no pensaba así; pero me consuela que estaba en plena adolescencia,una etapa conflictiva de por sí, donde uno nunca está contento con lo que tiene, aunque sea lo más maravilloso del mundo, y protesta puramente por vicio, como se suele decir.

Mirando todo este tiempo en global, la verdad es que aparte de la reclusión casi forzosa a la que a veces me sometían mis padres, no lo pasaba tan mal, aunque tenía un problema que, en aquellos días, para mí era poco menos que una tragedia: y era que siempre era el último en enterarme de las novedades. Eso, para una persona curiosa como yo, que no se conformaba con conocer sólo las últimas noticias de lo que pasaba a mi alrededor, sino que además quería estar enterado de todo lo que pasaba en el mundo mundial, ya fuera a mis amigos, a mi ciudad, a mi provincia o a mi país, me ponía bastante de los nervios. Claro, lo que me preocupaba mayormente en aquellos años era todo lo que rodeaba a mi entorno más cercano, como mis colegas y conocidos, porque ellos iban y venían con más libertad y estaban abiertos, si no a más experiencias, sí a las de otra cosa, y eso me traía por la calle de la amargura.

Fue por aquellos años, cuando empezó a comecializarse internet a nivel de usuario, cuando tuve que ser ingenioso y crear casi una red de espía para que me mantuvieran al tanto de todo; todo empezó con los móviles, tecnología puntera que casualmente también llegó por aquel tiempo, pero después me convertí en todo un experto en coleccionar toda clase de noticias, de cualquier momento y lugar. De hecho, empecé a cobrar cierta mala fama, porque a veces parecía conocer los acontecimientos futuro antes de que sucedieran; pero los que me criticaban no sabían que no era cosa de magia, sino de manejar bien la información: si estás bien informado, puedes incluso adivinar el futuro, teniendo en cuenta varias variables que a mí se sobraban, como la de buen observador.

De aquellos años conservo la costumbre de estar siempre bien informado, aunque la vena cotilla parece haber desaparecido un poco, jeje. De cualquier forma, me gusta seguir estando, como dicen, en la cresta de la ola de todas las novedades, y es por eso que a veces descubro cosas curiosas e interesantes que a otros pasan desapercibidas, ¿quieres conocer algunas?

Para los que veraneamos en casa…

Siempre me he sentido un poco discriminado cuando han llegado las épocas de vacaciones, y eso que durante muchos años he sido la envidia de mis colegas. ¿Y por qué?, te preguntarás, y yo te lo voy a decir muy fácilmente: y es que tengo la suerte de vivir todo el año en una urbanización “de lujo”. ¿Cómo es eso? Bueno, hace muchos años que mis padres consiguieron el trabajo de mantenimiento en este lugar, y fue así como además se hicieron con uno de los adosados que venían con ellos. Nuestra casa no es ni mucho menos ni la más grande ni la más  lujosa, y por supuesto no dispone de los cuidados y detalles que tienen las demás. Pero que vivíamos en esta exclusiva zona, eso no hay quién lo dude.

A mí, la verdad, es que pasados unos años me hubiera gustado irme de veraneo a algún otro lugar. Ya se sabe que uno siempre quiere lo que no puede tener, y debe ser por eso que yo siento una irrefrenable atracción por la costa; ahora me permito el lujo de pegarme unos días en remojo en cualquier playa que se me antoje, pero claro, en mis años de juventud no era lo mismo. Mis padres pensaban que era una tontería ir a buscar entretenimientos veraniegos en cualquier otro sitio, cuando estábamos rodeados de un montón de objetos de ocio pensados precisamente para eso; así que de salir de la urbanización, nada de nada. Así, lo único que me quedaba en verano era quedarme en la piscina de casa, donde al menos se me permitía llamar a mis amigos que, como ya he dicho, pensaban que vivía poco menos que en el paraíso.

En realidad, si ahora miro para atrás, puede que tuvieran alguna razón. Si no hubiera tenido que pasar todos los días del año en aquel lugar, hubiera reconocido que en llegando la época estival aquello se convertía en un despiporre, lleno de visitantes, turistas, gente de vacaciones y, lo más importante, un buen número de chicas bastante potentes, que llegaban también atraídas por el ambiente y por todas las posibilidades de diversión que se les abría ante sus pies. Las casas de esta urbanización tienen miles de historias que contar, es una pena que las paredes no hablen; pero por suerte, aquí estoy yo, al que no puede callar nadie, y que precisamente por mi naturaleza curiosa, no se le escapaba ni un detalle de todo lo que ocurría.

Estas son las historias que muchas noches de verano entretuvieron a mi grupo de colegas bajo las estrellas, junto a la piscina con una buena bebida refrescante. Y ahora, tú también podrás disfrutarlas, si es que siguen leyendo este blog.